Veronika decide morir & Los ojos del perro siberiano. Camila Wierzbicki

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    cami.wierz

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    Veronika decide morir & Los ojos del perro siberiano. Camila Wierzbicki

    Post  cami.wierz on Thu May 20, 2010 2:19 pm

    Verónica decide morir
    (Paulo Cohelo)

    VERÓNIKA es una muchacha bonita y joven, “…Verónica leía la prensa, miraba la televisión, estaba informada de lo que pasaba en el mundo". (Pag. 25), que vive en un pueblo perdido de Eslovenia “…Si no saben dónde está Eslovenia, Ljubljana debe ser un mito…” (Pág. 23) y que se siente harta de su propia vida, según ella, monótona y rutinaria. Por ello un 11 de noviembre de 1997 decide suicidarse “…El día 11 de noviembre de 1997, Verónica decidió que había llegado, por fin, el momento de matarse…” (Pág. 19). Seguir viviendo no añadiría nada bueno a su vida y a medida que pasaran los años, las posibilidades de sufrir irían en aumento. El mundo es un desastre y ella nunca podrá hacer nada para remediarlo. Pero su intento de morir resulta frustrado. Despierta en Villete “… Villete, el famoso y temido manicomio que existía desde 1991, año de la Independencia del país…” (Pag. 31), un temido instituto psiquiátrico, donde el Doctor Igor “…acababa de visitar el despacho del doctor Igor y sabía que estaba a punto de darla de alta…” (Pag. 72), le informa que su corazón sufrió daños irreparables y morirá en pocos días. Este doctor estaba haciendo una tesis acerca del Vitriolo que según él, era el causante de la amargura. Villete conecta a Verónica con un nuevo pensamiento: el de replantearse su propia vida.
    Zedka, su primera amistad en Villete “…Verónica no sabía que decir, pero las palabras de aquella loca tenían sentido….” (Pag. 53); Mari, un estímulo para sus sentidos “…Zedka señaló a una mujer de cabellos blancos que charlaba animadamente con otras mujeres más jóvenes -Se llama Mari, y es de la Fraternidad. Pregúntale a ella…” (Pag. 58); y Eduard, con el que comparte un amor silencioso, le hacen entender que quienes están allí, consideran que es el único lugar donde ninguna de sus opiniones, por locas que sean, son criticadas “…En medio de la música para el jardín, otro loco apareció: Eduard, un esquizofrénico sin ninguna posibilidad de curación…” (Pág. 120). Verónica decide escapar con Eduard, de quien se enamora y con quien planea disfrutar sus últimas horas de vida. La última noche llega. Al amanecer Verónica descubre que sigue viva y que su corazón está sano y no morirá aún. Aún no.
    La fuerza natural, la resistencia a seguir viviendo. Cuando sabemos que vamos a morir es cuando más nos aferramos a la idea de seguir viviendo.


    LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO
    (Antonio Santa Ana)
    El personaje principal es el narrador “…Nosotros vivimos en San Isidro en una de esas grandes casonas…” (Pág.: 11), un chico que desea desprenderse de toda la angustia y el amor que le provoca recordar a su hermano mayor, Ezequiel “…Mi hermano había sido su orgullo, el primogénito y el primer nieto de la familia…” (Pág.: 14) Su padre era un hombre muy rigoroso e inflexible, dedicado íntegramente a sus negocios “…él se ocupaba de lo suyo, es decir de sus negocios y sus cosas, cosas que nunca compartió con nosotros…” (Pág.: 13) Su madre, una mujer que dedicaba todas sus atenciones a sus plantas y sus cultivos. “…Mi madre cultiva y cuida sus hierbas con un amor y una dedicación que creo no nos dio a nosotros…” (Pág.: 12) Las diferencias físicas e intelectuales entre los hermanos eran evidentes y era Ezequiel quien llenaba todas las expectativas “… Mi hermano había sido su orgullo, el primogénito y el primer nieto de la familia. En las fotos de cuando Ezequiel era chico y estaba con papá, hay una expresión de felicidad…” (Pág.: 14) Tras dejar embarazada a su novia, la noticia que cambiará la vida de toda una familia… Ezequiel enferma de SIDA “... ¿Por qué los viejos están tan enojados con vos?—Pregunté…” “…Porque tengo SIDA— contestó...” (Pág.: 32). Inmediatamente sus padres rompen toda relación con él y evitan que los dos hermanos se comunicaran “…después de ese incidente la sola mención de su nombre provocaba chispas…” (Pág.: 26) “…Lo que sí es seguro es que mi padre no quería que yo me acercara a Ezequiel…” (Pág.: 62) y contaron a sus amistades que Ezequiel estaba enfermo de leucemia, ya que les parecía menos vergonzoso para la familia. “…Mis padres, al no poder evitar la evidencia de que Ezequiel se iba a morir, tuvieron que inventarle una enfermedad. Como si fuera más digno morirse de leucemia que de SIDA…” (Pág.: 114) “…nosotros no estamos muy de acuerdo con algunos aspectos de la vida de tu hermano…” (Pág.: 64). Aquí comienza una carrera contra la muerte, para recomponer los lazos perdidos aun que sea por el tiempo que le quedara de vida. Ezequiel le cuenta la historia de su perro siberiano, que fue rescatado de la muerte por no cumplir con el pedigrí perfecto, y en cuyos ojos siempre ve amor, sin distinguir salud o enfermedad, solo amor. “…Los únicos ojos que me miran igual, en los únicos ojos que me veo como soy, no importa si estoy sano o enfermo, es en los ojos de mi perro. En los ojos de Sasha…” (Pág.: 95). Comparten largas horas de diálogos y experiencias compartidas, momentos de alegrías y tristezas, pero siempre en compañía. Cuando Ezequiel fallece él está a su lado, con la oportunidad de haber compartido los últimos momentos de su hermano. “…Me acerqué a Ezequiel y le dije un "te quiero" apenas susurrado. El me abrazó y me dijo: - Yo también... - Era todo lo que necesitaba oír...” (Pág.: 110).

    Camila Wierzbicki
    2º Comunicación
    Instituto Plácido Marín.

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