El hombre duplicado - Saramago

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    Bárbara Colloca

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    El hombre duplicado - Saramago

    Post  Bárbara Colloca on Fri Aug 06, 2010 7:20 pm

    Alumna: Bárbara Colloca
    Curso: 2º Mercantil
    Instituto María Ana Mogas


    EL HOMBRE DUPLICADO
    José Saramago


    En esta novela se plantea muy de cerca el tema de la identidad; del original y el duplicado. Estoy hablando de personas “[…] yo ya estaba aquí cuando usted nació, el duplicado es usted” (Pág. 205) con exactas características físicas “[…] manos, brazos, caras, voces, todo en nosotros es igual” (Pág. 203), a tal extremo de poder ser llamadas sosias “Lo que Tertuliano Máximo Afonso le había contado a su madre es que había conocido a una persona, un hombre, cuyas semejanzas con él llegaban a tal punto que quienes no los conociese perfectamente los confundiría” (Pág. 244). El primer recurso que hay que destacar es el de concatenación, ya que nel libro termina al igual que como empieza, esta basado en un efecto de espejo, aquí podremos ver la ‘misma’ conversación en dos casos: “Ya habrá notado que nuestras voces son iguales, Sí, Exactamente iguales, Así parece, […] No sólo en las voces nos parecemos, Qué quiere decir, Cualquier persona que nos viese juntos sería capaz de jurar por su propia vida que somos gemelos, Gemelos, Sí, más que gemelos, iguales, Iguales, cómo, Iguales, simplemente iguales” (Pág. 165) y “Se habrá dado cuenta que nuestras voces son iguales, Me ha parecido notar cierta semejanza, Semejanza, no, igualdad, Como quiera, No somos parecidos sólo en las voces, No le entiendo, Cualquier persona que nos viese juntos sería capaz de jurar que somos gemelos, Gemelos, Más que Gemelos, iguales, Iguales, cómo, Iguales, simplemente iguales” (Pág. 300). Está narrado en tercera persona omnipotente, en donde hay casos que pareciera que le habla al lector “[…] dado que conocemos todos los pensamientos de Tertuliano Máximo Afonso, […]. Quedémonos por tanto con este pájaro en la mano en vez de con la decepción de ver volar a dos” (Pág. 47); aquí acabamos de ver una de las metáforas que emplea el escritor en el libro. Uno de los recursos que se ve mucho es el encabalgamiento, ya que las conversaciones no poseen raya de diálogo, signos de pregunta ni exclamación; la manera de identificar cuando habla cada personaje es ver el comienzo de mayúscula “Si quieres disimular, no te esfuerces, Disculpe, balbuceó Tertuliano Máximo Afonso, sólo quería pedirle una información, Que información puede querer una persona que sabe todo de la casa donde ha llamado” (Pág. 149).Otro recurso utilizado, no tantas veces, es elusión “[…] la forma más cautelosa de informar a la madre del espinoso caso del gemelo absoluto, o, usando estas fuertes y populares palabras, del sosia pintiparado[…]” (Pág. 248). Es una novela que posee leiv-motiv, al estar nombrando a los protagonistas todo el tiempo por su nombre y apellido “[…] entraré mañana cuando venga a cambiarme de ropa, respondió Antonio Claro, recuperando un poco de la autoridad anterior, y añadió, sarcástico, Hasta entonces seré el profesor de Historia Tertuliano Máximo Afonso. Se miraron durante algunos segundos, ahora sí, definitivamente y para siempre ciertas, las palabras con que el otro Tertuliano Máximo Afonso recibió a Antonio Claro a la llegada, Lo que teníamos que decirnos el uno al otro ya lo hemos dicho. Tertuliano Máximo Afonso abrió sin ruido la puerta de la escalera […]” (Pág. 267), también hemos nombrado una antítesis, al decir que Antonio Claro es Tertuliano Máximo Afonso, pero sabemos que eso no es real, ya que Antonio Claro es él mismo, no otro. Estos dos, ya mencionados, son los personajes principales del libro; que se conocieron, desafortunadamente, “Fue un pretexto, una disculpa para saber su verdadero nombre, Y lo consiguió, Mejor hubiera sido que no me respondieran” (Pág. 261) tras la obsesionada búsqueda de Tertuliano Máximo Afonso, luego de verse muy parecido a uno de los actores secundarios de la película,“[…] olvidarme de esta locura, ignorar este absurdo, aquí hizo una pausa para pensar que el primer elemento de la frase hubiera sido suficiente, y después concluyó, Pero no puedo, lo que de sobra demuestra hasta que puntó ha llegado ya la obsesión de este desnortado hombre” (Pág. 32), comenzó a alquilar más películas de la misma productora con el fin de encontrar el nombre del actor que buscaba, he aquí una cita extraída del pensamiento del vendedor de películas cuando Tertuliano Máximo Afonso quiso comprar una de las películas: “El empleado registró perplejo las intrigantes palabras para-que-la-quiero, no es una frase que normalmente se considere necesario para aplicar a un video, un video se quiere para verlo, para eso nació, o lo fabricaron, no hay que darle más vueltas” (Pág. 43), por lo tanto corresponde decir que en la novela se utiliza la personificación. Volviendo a la historia, este encuentro entre los seres iguales, provoca cambios en los seres de su alrededor, por ejemplo produciendo un trauma psicológico a Helena, la esposa de Antonio Claro “Helena no es la misma persona desde ese día, la impresión que le causó fue tremenda, saber que existe en esta ciudad un hombre igual que su marido le destrozó los nervios, ahora, a fuerza de tranquilizantes, lo va pasando un poco mejor, pero sólo un poco” (Pág. 261). Este inconveniente, también provoca cambios en la personalidad de Antonio Claro, al querer vengar el estado en “como la había dejado”, lo transforma en una persona rencorosa, vengadora. “Tertuliano Máximo Afonso se levantó de golpe, Qué significa eso, no lo ha dicho, no lo dirá, qué significan esas palabras, He aquí una pregunta hueca, retórica, de las que se hacen para ganar tiempo o porque no se sabe cómo reaccionar” (Pág. 261) Como bien dice la cita, en la novela también hay preguntas retóricas. Se refería al acto que iba a realizar Antonio Claro, de hacerse pasar por Tertuliano Máximo Afonso, engañar a la mujer de este y acostarse con María Paz “Como no soy capaz de matarlo, lo mato de otra manera, me tiro a su mujer, lo peor es que ella nunca lo sabrá, todo el tiempo creerá que está haciendo el amor con usted, todo lo que diga de tierno y apasionado se lo dirá a Tertuliano Máximo Afonso y no a Antonio Claro, que eso al menos le sirva de consuelo.” (Pág. 264). Tertuliano Máximo Afonso no se iba a quedar de brazos cruzados, así que él también se hizo pasar por su sosia; para acostarse con Helena “si tu duermes con mi mujer, yo duermo con la tuya, es decir, ojo por ojo, diente por diente, como manda la ley del talión” (Pág. 283). Y aquí vemos otra vez, un cambio a partir de ese encuentro, un cambio en su personalidad; que de a poco va perdiendo su identidad, al creer que es robada por otro, pero el único que está quitándosela es él mismo. En esta novela, Tertuliano Máximo Alfonso tiene varias conversaciones con su propio sentido común, que intenta rescatarlo de algunas acciones que estará por realizar, buscando en él la reflexión y el cambio para bien “Felizmente, el sentido común me echó una mano, me hizo comprender que si habíamos vivido hasta ese momento ignorando cada uno que el otro existía, con mucha razón deberíamos mantenernos apartados después de habernos conocido, fíjate que ni podríamos estar juntos, ni podríamos ser amigos, Probablemente enemigos” (Pág. 245). Lástima que cuando se dio cuenta del error que estaba cometiendo, ya era demasiado tarde “La señorita María Paz ha muerto esta mañana, en un accidente de tráfico, venía con el novio y los dos han muerto, es una desgracia muy grande” (Pág. 281). Helena le hace una propuesta, que él, desconcertado, termina aceptando “Estoy diciéndote que te quedes conmigo, que ocupes el lugar de mi marido, que seas en todo y para todo Antonio Claro, que le continúes la vida, ya que se la quitaste, Que me quede aquí, que vivamos juntos, Sí” (Pág. 299). Y hay que destacar un final inesperado, en el cual Tertuliano Máximo Afonso, que pasó a ser Antonio Claro, recibe una llamada de una persona que decía ser igual a él, que lo anduvo buscando y que quería encontrarse con él; tal como había comenzado todo. “Después entro en el dormitorio, abrió el cajón en donde estaba la pistola. Introdujo el cargador en la corredera y colocó una bala en la recámara. Se cambió de ropa, camisa limpia, corbata, pantalones, chaqueta, los zapatos mejores. Se encajó la pistola en la correa y salió” (Pág. 301).

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